9 de abril de 2009

¿Todo es según el cristal con que se mira ó según la nariz con que se huele?



"Hmmm!! Huele a que sabe bailar!". "No me huele a persona de confianza". Imaginemos que nuestras percepciones se basaran en los olores. Más allá de rechazar de plano y desde lejos a alguien con un aura de malos olores por falta de aseo, parece ser, según los estudiosos de la nariz, el olfato y afines, que muchas de nuestras reacciones y deseos, son comandados por este sentido. Cabe destacar que esto ocurre sin que nos demos cuenta, este proceso se da sin nuestro consentimiento y conocimiento.

El sentido del olfato, junto a su representante facial, la nariz, es un sentido poco apreciado. No existe algún tipo de discapacidad que afecte el olfato, con la excepción de un fuerte resfriado, que obstruye las vías nasales, haciéndonos perder el sentido del gusto. Hay personas con discapacidad visual, auditiva, pero no sabemos de alguien que tenga problemas de olfato, y si lo hay, nadie habla o comenta acerca de eso. ¿Hemos escuchado alguna vez decir que Fulanito percibe mejor los olores que Sutanito? ó que "Perencejo tiene problemas para percibir los olores, los capta después de 1 minuto" ó " Chana tiene una nariz privilegiada!" No! a decir verdad, estos no son casos conocidos.

El olfato se debate en medio de un mundo donde los colores, los sonidos, las formas y los sabores son los que dominan nuestras percepciones. Con excepción de los perfumes, es a través de nuestros ojos, oídos, lengua y tacto que percibimos el mundo y las personas que nos rodean y son usados para medir la belleza y utilidad de la fuente generadora de la sensación. No hay un museo donde se exhiban olores o fragancias, ni partituras odoríferas, ni Chefs especializados en olores. El perfume, como mencioné antes, es el único artilugio que representa orgullosamente a los no valorados olores. Que rico es estar cerca de alguien con un perfume agradable!, sin embargo esta misma persona puede causar una sensación adversa y de rechazo en otra persona. Incluso hay personas que rechazan cualquier tipo de perfume. Esto nos lleva al análisis de hoy: ¿Todo es según el cristal con que se mira o según la nariz con que se huele?

Recordemos que para algunos animales, la mayoría de ellos diría yo, el olfato es el sentido que les guía a través de su paso por este mundo, para alimentarse, para movilizarse con seguridad, para reproducirse y para sobrevivir. Un animal sin olfato es animal muerto. Creo que ellos perciben el mundo a través del órgano olfatorio.

A diferencia de los animales, percibimos una amplia gama de colores, sonidos y sabores. Y aun así, son iguales para toda la raza humana. Para nosotros, el azul y sus variantes es azul, no importa donde, quien o como lo vea, (con excepción de los daltónicos). El sabor del limón es siempre acido, unos más que otros, pero no hay que ser un Gurú para distinguirlo. Las notas musicales pueden ser tocadas por toda clase de instrumentos y personas, con pequeñas variaciones, que se deben al músico ejecutor. Las formas geométricas y texturas son universales, sus definiciones no varían: redondo, recto, rustico, suave. Sin embargo, que podemos decir del olfato? No hay muchos adjetivos aparte de oloroso o maloliente para describirlos, siempre nos apoyamos en las percepciones capturadas por los otros sentidos para darles una calificación.

Nuestro olfato tiene el poder de detectar ipso facto el sabor de algo que no hemos comido nunca antes, ni en sueños. Este evento, lamentablemente está ligado a sabores desagradables, como por ejemplo cuando decimos esto sabe a viejo…Hemos comido viejo antes? Como sabemos eso? ó… Esto sabe a tierra! Hemos comido arrocito con tierra? A esta lista podríamos añadir algunos bastante desagradables, los cuales es mejor no mencionar. Entonces, significa esto que nuestro olfato tiene poderes de adivinación? No, esto es porque olemos las cosas antes de probarlas y sin probarlas; es el olfato lo que sella este olor/sabor en la memoria.

Hablando de olores en la memoria, cuántos de nosotros no nos hemos transportado a nuestra infancia, cuando sentimos ese "olor de Juguete nuevo"? O sentimos nostalgia cuando olemos la hierba mojada? O nos dan ganas de regresar o visitar la campiña al percibir el olor de comida hecha en fogón? La lluvia huele, el sol huele, la ropa secada al sol lo publica a voces, los días nublados también, el regazo de mamá, el hogar, el buen vino, el primer novio, el primer beso, los bebes, los hijos, el agua del rio, la marea alta, las noches de luna, el tren de la vida y todos sus vagones, estaciones y pasajeros huelen a algo diferente para cada uno de sus viajantes.

Es aquí donde ponderamos la maravilla del olfato. Esos poderes desconocidos, esa magia-química que se da sin que nos demos cuenta, esa atracción inexplicable o ese rechazo total que sentimos hacia personas, lugares y situaciones. Como dice la canción: Huele a peligro o Todo me huele a ti…Son esas sensaciones las que hacen que me sienta cómoda al lado de alguien que a otro le provoca desconfianza o viceversa. Es la razón por la cual una chica en una discoteca atrae la atención de los hombres más que otra, muy aparte de sus atributos físicos…o el chico de la escuela con el que todas las mujeres quisieran salir…Aha! hmm! las famosas feromonas!!

Mi teoría, basada en lo que he leído de las feromonas (óyeme a mí, ahora formulo teorías!), es que la atracción, la química , ese "boom" entre hombre y mujer se debe al olfato y al proceso que ocurre por debajo de la mesa en nuestro interior. Nuestra nariz abre la puerta, captura la información silenciosamente, enviándola por un atajo veloz y desconocido al cerebro, y este, decide entonces sin notificación alguna: sonreír, mirar, guiñar un ojo, hablar, palpitar,correr, sudar e incluso puede enviar esas inquietas e ineludibles mariposas que revolotean a nuestro estómago. No hay nada escrito, las reacciones son únicas y diferentes, según las personas que los reciben y transmiten o comparten, se crea una formula única e irrepetible, casi un código genético. Si nunca antes habíamos pensado en esta posibilidad, tomémonos el tiempo para apreciar y descubrir los secretos de los olores y su poder e influencia sobre nuestra percepción, reacciones y sentimientos. Te aseguro que la próxima vez que tengamos un encuentro cercano del primer, segundo o tercer tipo, te darás cuenta que los olores tienen las llaves, los códigos, las claves y contraseñas para abrir o cerrar cualquier corazón.

Que huelas bien! O podría decirte: Buena olida! … Oleé! Y en lugar de TQM escribiré THM.

http://www.hhmi.org/senses-esp/d210.htm

2 comentarios:

Leila Macor dijo...

Hola Anny, me hiciste recordar a una señora que conozco que tuvo un accidente, se golpeó la cabeza y perdió el olfato. No fue grave, podía haber sido mucho peor, pero luego descubrió que al perder el olfato había perdido también una parte importantísima del gusto. Ahora sólo siente salado-dulce-amargo-ácido, pero no puede distinguir las variedades de sabores, le sabe igual una torta de chocolate que una de vainilla: es dulce. Sólo disfruta las comidas por las texturas, con lo que descubrió (y nosotros con ella) que el olfato era más importante de lo que creíamos. Así que estoy de acuerdo con tu punto. Saludos!

Jeannette Tejeira Pasco dijo...

Pienso que es verdad, el olfato es un sentido importante aunque realmente a muchas personas les pasa desapercibido. En cambio para los animales, salvajes o no, el olfato les indica el estado de ánimo de los demás, su predisposición al apareamiento, al peligro, los animales huelen el miedo, que un caballo capta el aroma del sudor de una persona que está asustada e intenta la huida tirando a la persona, incluso los perros atacan a personas sólo porque “huelen” su miedo. El olfato despierta nuestros recuerdos, el olor del pan de la infancia, de los libros nuevos, de pronto sentimos un olor y nos recordamos de algo enseguida. Así mismo como dices Annette, si tomaramos más en cuenta este sentido, nuestra percepción para el mundo en que vivimos sería distinto... Tal vez sea un archivo cerrado con una pequeña ventana que lo comunica con el mundo en que vivimos.